Numerosos estudios han puesto de manifiesto la posibilidad de emplear medidas para tratar el SVC. Para empezar, dado que cada paciente tiene su propia forma de sufrir la enfermedad, es importante llegar a conocer los factores que pudieran desencadenar los episodios para evitarlos en la medida de lo posible. En los casos de crisis más frecuentes y prolongadas se pueden tomar medidas preventivas como la administración regular de fármacos (antimigrañosos y tranquilizantes, sobre todo), siempre bajo estricto control médico. Cuando se inicia una crisis existe la posibilidad de abortarla mediante la administración de ciertos medicamentos. Por último, existen medidas, tanto farmacológicas como de otro tipo, para acortar la duración e intensidad de los episodios. Es deseable mantener al paciente en ambiente oscuro y silencioso para facilitar su descanso. También se pueden emplear tratamientos para los síntomas que con frecuencia acompañan a los vómitos durante las crisis, como mareos, fotofobia, dolor abdominal, migrañas, fiebre baja, diarreas... En muchos casos, avanzada la crisis, los vómitos van acompañados de sangre por irritación del esófago, por lo que conviene suministrar protectores gástricos.
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- Publicado el Lunes, 24 Octubre 2011 20:22
- Escrito por Super User
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No existe ninguna prueba médica que permita realizar un diagnóstico del SVC. Además, el cuadro sintomático es semejante al de muchas otras alteraciones digestivas, metabólicas o de otro tipo, por lo que para llegar al diagnóstico deben excluirse previamente todas las demás patologías. En ocasiones, el escaso conocimiento sobre la enfermedad hace que los pacientes tarden años en ser correctamente diagnosticados, retrasando así la adopción de las medidas adecuadas y actualmente disponibles para evitar o mitigar los episodios.
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- Publicado el Lunes, 24 Octubre 2011 20:20
- Escrito por Super User
Se trata de una enfermedad poco conocida, a pesar de que algunos estudios han calculado que afecta a un 2% de la población infantil, que se caracteriza por episodios de vómitos intensos y repetidos acompañados de náuseas, dolor abdominal y un fuerte decaimiento. La duración de estas crisis varía desde varias horas hasta varios días (llegando en casos extremos a 10 días) y su frecuencia oscila desde varias veces al año hasta varias veces al mes. Normalmente, en los periodos entre crisis los afectados se encuentran exentos de síntomas.


